Creele a la rueda


Te estarás preguntando de qué hablamos. ¿Qué rueda? ¡La rueda laboral, la de los clientes! Sí, algo que siempre repetimos en Proyecta es que, cuando la rueda se empieza a mover, no para: te llegan nuevos clientes, salen nuevos trabajos y tenemos que dedicarle menos tiempo a vendernos. ¡Ojo!, menos tiempo no es nada de tiempo. En el calendario de nuestra vida, siempre tenemos que dejar un espacio para buscar nuevos clientes y para vendernos.


Cuando hablamos de confiar en la rueda, queremos decir que podemos no tomar trabajos o aceptar ciertas condiciones porque atrás de ese viene otro cliente que sí nos sirve. Cuando tenemos en claro que la rueda se mueve, nos permitimos elegir con quién trabajamos y con quién no, tomamos mejores decisiones, ponemos tarifas más altas, nos alejamos del psicopateo de algunos clientes y somos más felices.


Lo que queremos decir, básicamente, es que, si te ocupás de trabajar en pos de que tu rueda se mueva, una vez que lo haga, ella va a trabajar por vos y vos vas a tener que hacer lo mínimo para mantenerla funcionando y acercándote clientes atractivos para vos.


¿Qué tenés que hacer para que la rueda se mueva?


Para empezar, tenés que dejar de pensar como un o una profesional freelance. Te llega un trabajo de vez en cuando, una amiga te recomienda a un vecino escritor, otro amigo que trabaja en una empresa te recomienda para corregir el informe anual y así. ¡No! Para que la rueda se mueva ―casi― sola, tenés que ponerle energía a crear una marca personal fuerte. Tenés que generar una marca que sea un imán para el cliente ideal de tu servicio. Si no tenés todo esto definido, tenés que empezar por ahí. Definilo claramente, fijate por donde se mueve y pensá en cómo podés hacer que tu marca lo atraiga.


Para que la rueda trabaje por vos tenés que pensar tu profesión como un emprendimiento, como una miniempresita de uno (o los que sean en tu equipo). Por eso, tenés que manejarla como tal y tener muchos más aspectos en cuenta que van más allá de que te lleguen clientes cada tanto.


Recordá a tus antiguos clientes. Parte de la rueda es que la gente que trabajó con vos y compró tus servicios te recomiende. Cuidá a tus clientes actuales y a tus exclientes. Mandales un saludo de fin de año, compartiles ese artículo que viste que te parece que les puede servir, etc.


Aunque tengas trabajo y clientes, dedicá un espacio semanal ―sí, semanal― a buscar nuevos clientes, a vender tus servicios, a pensar estrategias de marketing y de branding. Pulir tu marca y tu estrategia de marketing es un trabajo semanal hasta el día de tu jubilación (capacitarte también, pero no es el tema de esta nota).


Finalmente, estudiá tu rueda. Para conocerla bien, te dejamos nuestro consejo más repetido: medí, medí, medí. Llevá un registro de cuánta gente te contacta, cuánta gente acepta tus presupuestos, qué tipo de textos te llegan, cómo eligen pagar tus clientes, entre otro montón de variables que podés medir. Conocer cómo se mueve tu negocio es clave para organizar tus finanzas, para ahorrar los meses que tenés más y vivir los meses que te ingresa menos trabajo. Todo esto hacelo por escrito. No es lo mismo creer que en enero hay menos trabajo que verlo en números.



Creerle a la rueda, permitir que crezca y dejarla que se mueva es uno de nuestros mayores desafíos. Todos hemos estado en la situación de aceptar a un cliente aunque pague poco o no acepte nuestras condiciones porque no sabemos si va a venir otro después. Pero, si vos te movés en pos de funcionar como un emprendimiento, como un negocio, la marca te va a traer otros clientes. El día que te das cuenta de que podés decir que no es liberador. Si no te diste cuenta hasta ahora, te lo decimos: creerle a la rueda también tiene que ver con creer en tu capacidad de generar un negocio que funcione. ¡Y podés!



¿Y vos le crees a tu rueda? ¿Trabajas tu marca para que sea un imán? Contanos.




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