Por qué amamos las macros y por qué vos deberías amarlas también


En Proyecta, no nos cansamos de repetir que quienes trabajamos de manera independiente, quienes emprendemos en nuestras profesiones (especialmente, quienes trabajamos con la lengua), tenemos tiempo, dinero y energía limitados. ¡Ojo! No es poco, sino que tienen límites. Somos una especie de persona orquesta y, por eso, debemos aprovechar las herramientas de productividad que tenemos a mano. Bueno, reconozcámoslo, en Proyecta somos fundamentalistas de las herramientas de productividad y, dentro de estas, unas de las más importantes son los comodines y las macros de Word. ¿Sabés lo que son?


Sandra Rebrij define las macros en su libro de esta manera: "Una macro es una serie de instrucciones que un programa ―en este caso el Word― puede interpretar y ejecutar para realizar una determinada acción". ¿Esto qué quiere decir? Que podemos decirle a Word que haga automáticamente ciertas cosas para que nosotros podamos hacer otras. Dicho de manera simple: ¿viste cuando te la pasas reescribiendo el nombre de un filósofo en un texto de trescientas páginas porque el autor lo escribió de diez maneras distintas?, ¿o te pasó alguna vez de tener que poner minúsculas en los comienzos de línea de cien poemas (¡ojo!, sin sacarles las mayúsculas a las que sí las llevan)? Bueno, las macros están acá para rescatarnos de esas situaciones (y de muchas muchas más).





Veamos las ventajas de usar macros y por qué en Proyecta estamos enamoradas de ellas.


1- Nos permiten ahorrar tiempo, mucho tiempo


Sí, mucho. Con las macros y los comodines, podemos pedirle a la máquina que haga lo que mejor sabe hacer: detectar patrones y hacer modificaciones. Estarás pensando: "¿Pero qué me cuesta cambiar un par de puntos por comas en los decimales?". Pensalo así: si te lleva un segundo hacer ese cambio y tenés un texto de finanzas de doscientas páginas con tablas en todas las páginas con cincuenta números por página, tenés que invertir diez mil segundos en hacer eso. ¡Diez mil segundos son ciento sesenta y siete minutos! Casi tres horas. En ese tiempo, podrías estar mirando una peli, leyendo un libro o paseando a tu perro por el parque.


2- Nos hacen eficientes y hacemos trabajos más precisos


¡Y, sí! La máquina no se va a equivocar. Si vos le das a Word una serie de condiciones que se deben cumplir para que algo se modifique, lo va a hacer. Ya lo dice Paul Beverly, "las computadoras son buenas para hacer cambios repetitivos. No se aburren, no se cansan y luego no se les escapan cosas" (la traducción es nuestra). Volvamos al ejemplo anterior. Después de cien minutos de cambiar comas por puntos (más las decenas de correcciones que estás haciendo por página), ¿realmente pensás que no se te puede escapar alguna? Un segundo de distracción y listo: te salteaste una (como mínimo).


3- Potencian el uso de todas las herramientas de Word


Si sabés usar las macros y los comodines, podés hacer un uso extensivo y eficiente de las otras herramientas que te ofrece Word. Podés combinar estilos y macros, formatos y macros, referencias y macros… Todo va bien con las macros. Ya lo dice el Dr. Macro, tenemos que ser "ninjas de Word".


4- Nos permiten concentrarnos en lo que requiere investigar, debatir criterios y pensar


Si dejamos que la máquina haga lo que mejor sabe hacer, nosotros podemos concentrarnos en todos esos casos en los que tenemos que pensar, buscar, investigar, debatir, charlar y dejar en remojo algo que estamos corrigiendo. Nos permite concentrarnos en todos los demás aspectos del texto (la sintaxis, la semántica, etc.). ¡Adiós a las tareas repetitivas!


5- Nos quieren ayudar a todos: no hacen diferencias entre programadores y no programadores


No necesitamos saber programar para armar una macro. Esto es clave. Una vez que aprendemos a usar los comodines y a pensar como Word, a hablarle en su lenguaje, no nos para nadie. Podemos grabar macros sin programar (aunque las macros sean programitas y se puedan programar también). Después de que las armamos, será solo apretar un botón o usar un atajo de teclado. ¡Y no solo eso! Las podemos compartir e intercambiar con colegas, y llevarlas a todos lados.




Un secretito de las macros y los comodines: una vez que entendemos la lógica detrás de estas herramientas de Word, nos damos cuenta de que otros programas también tienen sus códigos y comodines. Solo hay que buscarlos.


Si todavía no te quedó claro para qué sirven, podés ver las redes de Antonio Martín, Paul Beverly y Jack Lyon, o ver la charla que, tan generosamente, Sandra Rebrij dictó para la #ComunidadProyecta.


Podríamos hablar horas sobre las macros y sus ventajas, pero, por suerte, la tenemos a Sandra y su curso de Macros y comodines: el Word secreto, donde nos explica cómo utilizar estas herramientas tan poderosas que, como profesionales del lenguaje, tenemos que aprovechar al máximo. ¡Si tenemos una calculadora, no usemos el ábaco!



Se viene la segunda edición del curso Macros y comodines: el Word secreto con Sandra Rebrij.

Si querés saber más sobre el curso e inscribirte, ingresá acá. Si te intriga qué dijeron otros participantes sobre este curso, podés verlo acá.


¡Inscribite en el curso y convertite en un profesional más eficiente!



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