¿Qué tienen para enseñarnos estos cinco oficios?

Cada industria es un universo particular de prácticas y costumbres, pero nos parece interesante aprender del ejercicio de otros oficios para optimizar nuestra profesión.


El ejercicio propio de nuestra profesión (corregir, traducir, redactar, editar) no es lo único que hacemos cuando trabajamos de modo autónomo. Nos toca buscar clientes, presupuestar pedidos, cobrar trabajos, atender a las personas que nos contratan, escribir una publicación, crear una página web, hacer facturas, entre tantas otras tareas.


A la hora de vincularnos, de presupuestar e incluso de cobrar, la mayor parte de quienes nos dedicamos a los servicios editoriales no tenemos buen manejo o no sabemos cómo sortear estos momentos de la mejor manera.



A continuación destacamos cinco oficios distantes en lo cotidiano de nuestras tareas, pero cercanas respecto de las estrategias para llevarlas adelante.


  1. Mecánico. Conoce todas las herramientas con las que trabaja, las tiene organizadas y deja cerca y a la mano aquellas que más usa. Conocer a fondo las herramientas con las que trabajamos y los materiales con los que contamos es nuestra responsabilidad profesional. Nos hace más eficaces, más solventes y, además, nos permite enfocarnos en el real ejercicio de nuestra profesión. Si no sabemos hacer una raya de diálogo en Word y estamos toda la tarde viendo cómo se hace, perdemos tiempo en algo que no es propio de la corrección. Ese tiempo podríamos usarlo en corregir más textos o leer sobre las rayas de diálogo, por ejemplo.

  2. Plomero. Cobra lo que dice que va a cobrar y es muy raro que alguien le discuta el presupuesto. Tiene en claro qué materiales incluye y el tiempo que le llevará la tarea. Valorar nuestro conocimiento es fundamental para presupuestar y cobrar sin titubear. El plomero no cobra solo por el caño que va a destapar, sino por saber qué caño destapar. Y, si no estaba obstruido, cobra igual, porque desarmó el caño. Con esto queremos mostrar que, de acuerdo con nuestra profesión, sabemos qué intervenciones hacer sobre los textos. Esto es gracias a nuestra formación y a nuestra experiencia, dos variables que tenemos que sumar a la hora de presupuestar. Pero, sobre todo, valorar el tiempo. Nos ocupa tiempo dedicarnos a cada tarea y es clave incluirlo en los presupuestos.

  3. Relacionistas públicos. Hablar, hablar, hablar. Es importante que toda persona que se nos cruce sepa a qué nos dedicamos y se vaya con una opción de contacto. Esto nos garantiza una exposición mayor. Hace poco, Vir consiguió un cliente en la puerta de la veterinaria. No sabemos quién está necesitando qué servicios. Solo lo sabremos dialogando y contándole a la gente a qué nos dedicamos. Tener a mano nuestra tarjeta de contacto, tener un correo electrónico que sea fácil de recordar, ser fácilmente hallables en las redes sociales o en los buscadores son todas opciones fundamentales para poder hacer que la otra persona nos encuentre.

  4. Cocinero. Es creativo con sus ingredientes y busca, en la combinación, el mejor resultado. Es muy importante que, a la hora de ejercer nuestra profesión, podamos valernos de todo lo que tenemos: formación y experiencia, herramientas y materiales de consulta, contactos y colegas, para dar un servicio con la mejor calidad posible. Solemos pensar únicamente en experiencias relacionadas con nuestra profesión, pero aquello que transitamos en la vida puede también ayudarnos a diferenciarnos. Por ejemplo, Vir fue psicóloga y Mili trabajó como coordinadora de ensayos clínicos. Vir viajó un montón por el mundo y Mili vivió varios años en Uruguay. De formación, las dos tenemos el mismo título, pero nuestras experiencias de vida nos marcan diversos caminos posibles para nuestros emprendimientos. Juntemos todos los ingredientes de lo que somos (o, al menos, seleccionemos dentro de todas las opciones) para la oferta de nuestros servicios y para diferenciarnos entre colegas.

  5. Albañil. Respeta los tiempos. Para construir una pared, pone los ladrillos con el cemento y espera que se sequen, hace el revoque grueso y espera que se seque, hace el revoque fino y espera que se seque. Finalmente, pinta. Cada una de nuestras acciones no es instantánea. Armar una página web y posicionarnos lleva tiempo, armar un usuario en alguna red social y generar comunidad lleva tiempo, mandar presupuestos y que nos respondan lleva tiempo. Trabajar de manera autónoma es conocer los tiempos que cada acción implica y respetarlos es la diferencia. Incluso nuestros trabajos son parte de una cadena de acciones y debemos respetar los tiempos profesionales de cada engranaje de la cadena editorial.


Podemos buscar diferentes modos, pero no dejar de valorar cada una de nuestras capacidades para llevar adelante nuestros emprendimientos. Nos gusta decir que la rueda ya está inventada. Solo tenemos que animarnos a mirar a nuestro alrededor y ver qué soluciones o estrategias de otras personas pueden ayudarnos a optimizar nuestra propia profesión.


¿Qué otro oficio y estrategia se te ocurre para sumar a la lista?


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