Cobrar o no cobrar: esa es la pregunta

Hoy vamos a tocar un tema polémico: cobrar los presupuestos que armamos para nuestros posibles clientes o no. Estarás pensando: “¿Están locas? Si sin cobrar no me aceptan los presupuestos, cobrando…”. Pero no, no estamos locas y esto es algo que venimos escuchando en las conversaciones entre colegas.



Un sábado para el olvido


Imaginate esta escena: te llega un pedido de presupuesto un sábado a las seis de la tarde. Es un texto bastante largo y lo tendrías que hacer en poco tiempo. Pensás: “Bueno, hago una excepción y mando el presupuesto hoy”. El autor quiere hablar por teléfono. Por esta situación particular y porque viene de parte de alguien conocido, hablás. Es un buen trabajo, quizás tu sueldo de todo el mes. Escuchás lo que tiene para decir, consultas con una colega en una llamadita de unos quince minutos y armás el presupuesto. Lo mandás (otros veinte minutos mínimo de evaluar el texto y llenar la plantilla de presupuestos que tenés armada). No hiciste una muestra de corrección porque, aunque en general hacés, no daba el tiempo. Al día siguiente (domingo), el autor te llama para decirte que no va a hacer el trabajo con vos porque un amigo se ofreció a hacerlo gratis. Y vos te quedás con el teléfono en la mano, un domingo a la mañana y con dos horitas de tu finde que nunca más volverán. Nos encantaría decir que esta historia de terror es inventada, pero no. Nos pasó a nosotras algunos meses atrás.


Estarás pensando que nunca habrías atendido el teléfono un sábado a las seis. Puede ser, pero era, realmente, el sueldo de todo el mes y venía de una fuente muy confiable. Pensá dos minutos: ¿cuántos presupuestos armás por semana?, ¿mediste el tiempo que te llevan? Si hacés cinco presupuestos por semana y cada uno te lleva (sin muestra de corrección) media hora ―evaluás el texto, respondés los mails con preguntas del cliente, sacás cuentas, escribís el presupuesto, etc.—, estás usando dos horas y media de tu semana para hacerlos.

Cada vez escuchamos más conversaciones entre profesionales sobre esta posibilidad de cobrar. Nosotras tampoco estamos seguras y, por eso, lo traemos para que lo conversemos en la Comunidad Proyecta.


Algunas razones por las que cobrar los presupuestos

  • No sentís que perdiste tiempo cuando estuviste armando ese presupuesto puntual que te llevó a investigar y a pensar cómo cobrar cierto servicio que te piden.

  • Aquellos clientes que no estén dispuestos a pagar van a seguir de largo. Esto nos da miedo, obviamente, pero quizás también filtramos algunas personas que nos escriben y solo buscan el precio más bajo.

  • Quien recibe tu presupuesto recibe el asesoramiento de un experto: nosotros. Un experto evaluó su documento, pensó y propuso una manera de abordarlo, hizo una muestra… Además, lo hemos educado sobre los servicios de un profesional como nosotros. ¿A cuántos correctores nos ha llegado, meses después, la misma muestra de corrección que nosotros enviamos? ¿A cuántos clientes hemos ayudado a refinar su búsqueda y a entender qué buscan con nuestros presupuestos? ¿Cuánto valor le hemos dado al cliente al enviar nuestro presupuesto?


Si cobráramos los presupuestos, ¿cómo lo haríamos?


Sostengamos la idea de cobrar los presupuestos por un minuto. ¿Cómo lo haríamos? Quizás podemos cobrar algunos presupuestos, aquellos que sean más largos o que requieran reuniones e intercambio de mails. Por ejemplo, hace poco una colega nos contaba que el posible cliente le había pedido hablar por Zoom. Cuando tuvieron la reunión, el cliente confesó que no sabía ni cómo abordar el proyecto. Por eso, la propuesta de nuestra colega había incluido un plan de varias etapas para terminar el trabajo en el tiempo que el cliente esperaba. Otra colega editora nos contó que ella cobra sus presupuestos porque implican pensar cuestiones del armado del libro, tapas, diseño, etc. A veces, cuando pedimos un presupuesto, a su vez, contactamos a otras personas que serán parte del proyecto.


Otra manera de cobrarlos, en cierta manera, es incluir el costo de armarlo dentro de la tarifa que le enviamos al cliente. Esto implica no cobrar los que no nos aceptan, pero, al menos, cobramos los que sí.


Por otro lado, si decidiéramos cobrar los presupuestos expresamente, una opción es aclararle al cliente que, de ser aceptado, el costo se descontará del total.


La pregunta que tenemos que hacernos es cuánto valor ganó nuestro posible cliente de ese presupuesto que le enviamos. La pregunta por los presupuestos pagos es una que sostenemos en Proyecta. No tenemos la respuesta todavía, pero quizás se puede probar y medir: unas semanas cobrando el presupuesto y unas semanas no, y ver qué pasa.



¿Cobrás tus presupuestos? ¿Pensaste en cobrarlos? Contanos en los comentarios.



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