Cómo ponerle precio a tu trabajo



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Cuando hablamos de cobrar, la cosa se pone muy personal. Ya hablamos en una nota anterior sobre cómo medir tu trabajo y, por ende, cobrarlo. Hoy queremos tocar la otra cara de este tema: ¿cómo ponerle precio a nuestro trabajo?


Si bien cada uno sabe (o debería saber) cuánto dinero necesita para vivir, no siempre la tarifa de nuestros servicios viene solo de ese dato. Hay muchos factores en juego: los tarifarios de las asociaciones, el mercado en el que nos movemos, nuestra experiencia, nuestra formación, entre otros.





1. Los tarifarios


Los tarifarios de profesionales no son fácilmente hallables, pero hay algunas asociaciones que comparten libremente sus tarifas. Por ejemplo, PLECA, AATI y CTCBA tienen un tarifario mínimo general. Con mínimo, nos referimos a las tarifas básicas que se pueden cobrar idealmente. Esto siempre trae un gran debate porque, para algunos, es imposible cobrar esas tarifas y, para otros, son bajas. Ya vamos a ver qué factores influyen en esta posibilidad. Con general, nos referimos a las tarifas que podrían aplicarse a los rubros en los que la mayoría de los profesionales de la lengua trabajan.

2. El mercado


Depende de en qué área te desempeñes, los precios van a variar. Como siempre decimos en las charlas de Proyecta, no es lo mismo corregir para la industria editorial que para un cliente particular o para un negocio local que para una multinacional. Lo mismo pasa con las distintas industrias. Cuando es así, nuestra tarifa se puede ajustar a los números que se manejan en estos rubros. ¡Ojo! Tratá de no ajustar para abajo. En todo caso, tenés que pensar quién es tu cliente ideal y, a partir de ahí, pensar cuál es el que mejor paga.


3. La experiencia y la formación


La realidad es que podés ser un excelente corrector, pero, si tenés experiencia y te capacitás constantemente, podés justificar mejor tus tarifas altas. No es que no puedas cobrar más caro sin estos antecedentes. ¡Obvio que sí! Pero siempre va a ser más fácil que quienes te contratan le paguen mejor a alguien que tiene más para mostrar en su historia laboral y formativa.


4. La especificidad de lo que trabajamos


No es lo mismo corregir un cuento que una tesis o traducir un CV que hacer una traducción pública. Parece una obviedad, pero la especialización en un tipo de texto o servicio permite cobrarlo con otra escala. Y esa otra escala es importante determinarla para saber cómo ponerle precio a nuestro trabajo.


5. El plazo de entrega


Tené en cuenta la urgencia de tu cliente. No estamos diciendo que bajes tus tarifas si el cliente tiene tres meses para corregir un texto. No. Lo que queremos decir con esto es que, si tu cliente necesita el texto para dentro de cuarenta y ocho horas, tené en cuenta esto para ajustar el precio. Primero, no todo el mundo acepta trabajos con urgencia. Vir, por ejemplo, nunca toma trabajos con urgencia. Si vos sí lo hacés, esto te diferencia. Segundo, la urgencia del cliente nunca es la tuya y, a veces, para tomar un trabajo tenés que dejar otros o trabajar en horarios que normalmente no trabajarías. Lo mismo ocurre con trabajos de fin de semana. Tomalos si te sirven, pero cobralos bien.



Todos estos aspectos te permiten ajustar tus tarifas para arriba. Siempre tenés que pensar que vos le aportás valor a lo que te mandan para corregir, traducir, editar, etc. ¿No te parece que deberíamos calcular nuestras tarifas a partir del valor que les aportamos a nuestros clientes?


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