Cuestiones prácticas a la hora de cobrar


Hoy traemos una nota un poco más práctica. Un porcentaje muy alto de los profesionales de la lengua trabajamos de manera independiente. Esto quiere decir que no cobramos un sueldo fijo todos los meses (ni los beneficios que eso conlleva). El dinero es una parte clave de nuestra vida. Todos necesitamos ganarlo y, no solo eso, ¡a todos nos gusta tenerlo!


Sin embargo, cómo cobrar es uno de los temas menos hablados dentro del rubro. Hay cierto pudor y cierto celo respecto de cómo nos manejamos con la plata. ¿Por qué? ¿No deberíamos estar compartiendo tarifas? Y, más allá de eso, deberíamos estar compartiendo maneras de cobrar y formas de calcular. Hoy nos vamos a ocupar de cómo cobrar.




¿Cómo medís tu trabajo?


Una de las primeras cuestiones que tenés que tener en cuenta es cómo medís tu trabajo. Hay varias formas de hacerlo y depende mucho del tipo de trabajo que hacés y de con qué te sentís mejor.


  • Por caracteres con espacios: Esta es una de las formas más fáciles de medir el texto. Mirás cuantos caracteres con espacios tiene, lo dividís por mil y lo multiplicás por tu tarifa. Es útil, es práctica, nos permite tener un mínimo. ¿Por qué cobramos con espacios? Porque los espacios también los leemos y los corregimos, ¿no? Lo importante en este caso es que, además de saber tu tarifa plana para cada servicio (ortotipográfica, de estilo, etc.), revises el texto, veas el grado de dificultad y el tipo de errores que tiene y sumes esto a la tarifa. No es lo mismo corregir un texto en el que hay que pensar la sintaxis que otro en el que hay que corregir un error ortotipográfico cada cuatro palabras.

  • Por palabras: Esta es la manera en la que muchos traductores cobran. Tienen una tarifa por palabra. Si esta es tu manera de cobrar, tené en cuenta la dificultad del texto.

  • Por hora: Es clave saber el valor de tu hora. Medite, sacá tu promedio y sabé cuánto vale tu hora de trabajo. Cobrar por hora es muy útil para proyectos que no se miden fácilmente en unidades. Un informe de lectura, una transcripción, la edición de una página web… Muchas cosas se pueden medir por hora. Un consejito interesante es poner el valor de tu hora en el presupuesto (más allá de incluir la tarifa de otra manera si medís por palabras o por caracteres) para reuniones, llamadas telefónicas largas, explicaciones que requieran los autores, entre otras situaciones.

  • Por proyecto: Esta forma de medir sirve para cierto tipo de trabajos. Por ejemplo, si corregís, editás y maquetás un texto. También sirve si trabajás con un equipo.


Ahora, más allá de que calcules tu trabajo de cualquiera de estas maneras, hay un comentario interesante que surgió de parte de Nesly Bello, una colega que participó en nuestro curso Emprendé en tu profesión. ¿Ponemos el detalle del cálculo? O sea, podemos poner el detalle de la tarifa y la cantidad de caracteres con espacios que tiene el texto o podemos poner el monto total. ¿Es necesario que nuestro cliente vea la cuenta que hicimos? Te la dejamos picando para ver qué pensás.


¿Cobrás un mínimo?


¿Viste esos trabajos de una página que, cuando hacés la cuenta, estás ganando el valor de dos gaseosas? ¿Vale la pena que hagas esos trabajos por tan poco dinero? Sí, lo valen, pero hay que ver cómo cobrarlos.


Una buena manera de cobrar los trabajos pequeños es tener un valor mínimo. Esto es importante porque tenés que calcular que, por más chico que sea, cualquier trabajo te va a llevar entre media y una hora. Si tu hora vale un monto y este trabajo cobrado por caracteres vale un cuarto de eso, salís perdiendo.


No nos tenemos que olvidar de que, para quienes trabajamos con la lengua, el trabajo implica entrar en un texto, en la forma de expresarse de quien escribe, leerlo varias veces, que vaya, que vuelva, intercambios de correos, etc. Por eso, ponele un mínimo a tu trabajo. ¿Una hora, dos horas? Lo que vos quieras, pero tené tu mínimo presente. Pensá que, si corregís cinco páginas por hora en promedio y, en este caso, estás usando la hora entera para corregir una sola página…, estás perdiendo tiempo y dinero.


¿Cuidás tu trabajo?


Una de las cosas que más repetimos en nuestro curso es esto: cuidá tu trabajo. Poné tus condiciones para aceptar ciertos encargos. Estamos hablando de cobrar adelantos o depósitos por tu trabajo.


Razones por las que debés cobrar un adelanto:


  • En general, si el trabajo es grande y lleva mucho tiempo, cobrar al final significaría cobrar en algunos meses.

  • Si el cliente es nuevo, no lo conocemos. Puede estar en nuestra ciudad o puede estar en cualquier país del mundo. ¿Qué pasa si no paga? ¿Lo vas a ir a buscar a China?

  • Como nuestro trabajo es inseparable del resultado, el trabajo ya está hecho cuando lo enviamos. Por eso, es importante que nos sintamos seguros de mandarlo.


Podés poner el montón que te parezca mejor. Eso va a depender de cada uno. No sientas que solamente tenés que aceptar las condiciones de quienes te contratan.


¿Ofrecés distintos medios de pago?


Una forma interesante de contrarrestar la inseguridad que le da al cliente desembolsar montos grandes de dinero es ofrecer distintos medios de pago. Algunos que podés usar son estos:

  • Pago con adelanto: Como mencionamos antes, podés pedir un adelanto de un porcentaje y el resto antes de la entrega final. Esto es importante. Cobrá antes de entregar el producto final si eso te hace sentir más seguro.

  • En cuotas: Podés ofrecer cuotas con interés (o absorber el interés vos) en varias plataformas. En Argentina, tenemos MercadoPago y Todo Pago, entre otras. Estas plataformas son útiles porque le financian el monto al cliente, pero a nosotros nos lo pagan entero luego de un tiempo determinado. Así, el cliente puede pagarlo más cómodamente y nosotros podemos cobrar el total. Perdemos un poquito de dinero (por las comisiones), pero ganamos en tranquilidad mental. Nosotras, en general, no recomendamos ofrecer cuotas por transferencia o en efectivo (o sea, cuotas arregladas por vos) porque todos los meses vamos a estar esperando que el cliente pague la cuota (o teniendo que recordarle que lo tiene que lo tiene que hacer).

  • Pagos (y trabajo) en partes: Podemos dividir el trabajo y que el cliente vaya pagando por adelantado cada parte. Por ejemplo, dividimos la novela en tres partes. Paga la primera parte y la corregimos, paga la segunda y la corregimos, y así. Esto va a depender de cómo se siente cada uno con esta modalidad.

Cuando uses plataformas de pago (para cuotas, para el exterior, etc.), tené en cuenta las comisiones también. ¿Las pagas vos?, ¿se las cobrás al cliente?, ¿una parte cada uno? Si decidís cobrarle la comisión al cliente, tené en cuenta cómo se lo vas a decir. No conviene que le digas directamente que la comisión le corresponde. Te sugerimos presentar esa forma de pago junto con otro modo que no tenga comisiones. Por ejemplo, podés pagar por MercadoPago (e indicás el valor con comisión) o por transferencia bancaria (e indicás el valor sin comisión como un descuento).


En una próxima entrega vamos a hablar de cómo poner precios y del concepto del valor agregado, pero, por ahora, nos gustaría saber si tenés pensada tu forma de cobrar. ¿Qué variables sumarías a estas que pensamos nosotras?

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